DECÍAMOS AYER... Continuamos saturados
09/01/2010
veces los mortales, especie constantemente renovada y sin embargo rara vez mejorada, nos hayamos con situaciones de autentico esperpento. Un esperpento que al rozar lo tragicómico cuando no trágico a secas, por lo que tras de sí encierran, llegamos a la consecuencia de que realmente estamos inmersos en un mundo de orates o, de augustos, con perdón para los profesionales circenses.Cuando en mi artículo YA ERA TARDE [Lanza, 10.V.06] comentaba el delicioso relato de Azorin, en alusión directa a los políticos, personajes a veces discretos y otras extrovertidos al punto de conseguir la hilaridad del hombre sencillo, poco versado en los entresijos de esa política a veces de andar por casa, con que de vez en cuando nos suelen obsequiar aquellos que; tal como decía el maestro de Monóvar, la inteligencia “no se la habían dejado en casa, es que habían llegado tarde al reparto” cuando el Sumo Hacedor dotó a la especie humana de tan preciado don. Algunos de estos digo, llegan a extremos inverosímiles. Son capaces de caerse de lo alto de una mata, hecho aparentemente imposible habida cuenta de la proximidad de esta con la tierra; pero que real como la vida misma, surge esplendorosa cuando menos te lo esperas.Y es entonces cuando quedas desagradablemente sorprendido, al comprobar que alguno a quien has seguido más o menos de cerca su trayectoria, y que te has formado de él una idea coherente con sus principios; que de pronto y sin una razón que lo justifique, al menos aparentemente, es capaz de dar el gran salto en el vacío sin ajustarse el paracaídas. Uno de éstos, Jaime Ignacio del Burgo, cuando llegó a decir que quizá José María Aznar se equivocó al identificarse con la idea de Bush y Blair, cuando la foto de las Azores; me hizo pensar que; posiblemente la presencia física del Sr. Aznar, aparte lo puramente testimonial, no hubiera sido precisa habida cuenta que la presencia española en el campo de operaciones Iraquí fue únicamente en función humanitaria. Pero, pese a ello, produce una sensación parecida a la nausea; y uno piensa si el Sr. del Burgo, al hacer público su pensamiento, quiso dar a entender que el Sr. Aznar hubiera estado más acertado alineándose con Sadam Hussein o Kofi Annan y su hijo. A la vuelta de la esquina quedaba aquella guerra del Golfo, donde sí hubo intervención bélica española, ¡y con soldados de reemplazo! Situación diferente, por tanto, y que ahora una vez superadas aquellas algaradas callejeras, consecuencia de los tristes sucesos del 11-M -en cuyas consecuencias aún estamos inmersos-, nos enteramos que aquella guerra no tenía visos de legalidad, en tanto que la “segunda intervención en Irak” fue Legal a todos los efectos según RD Ley 8/2004, de 5.11. “Que a efectos de indemnizaciones a participantes en operaciones internacionales de paz y seguridad”, fue elaborado por el Ministerio de Presidencia y firmado por siete ministros del primer Gobierno ZP, María Teresa Fernández de la Vega, Pedro Solbes, Miguel Ángel Moratinos, José Bono, José Antonio Alonso, Jesús Caldera y Jorge Sevilla. En cuya Memoria Justificativa se incluye un listado de las operaciones del Ejército español en el exterior, en las que figuran de una parte aquellas que están amparadas por resoluciones de las Naciones Unidas. Bosnia, Burundi, Sudán... Hasta ahí normal, pero referido a Abril de 2003 aparece la Operación Libertad Iraquí en Irak, y dice: <<Que la participación española, amparada por las Resoluciones 1441[2002] 1483 y 1511 [2003], se concretó el envío de dos diferentes tipos de unidades con la misión de ayuda humanitaria y restablecimiento de la seguridad>>. Términos parecidos a los que ahora utiliza el Gobierno, para ocultar que en Afganistán nuestras tropas están realmente en misión de guerra. Cabe pensar que el Sr. del Burgo, a pesar de su experiencia, pudiera haber caído en la añagaza del periodista, si es que existió, pero aún así considero que en aquel momento hubiera resultado oportuno convertir en realidad aquello de que una retirada a tiempo es una victoria. Mejor en casa dejando expedito el camino a otra persona con perspectivas más diáfanas para la defensa de unos valores que, según se desprende, este político ya no estaba en condiciones de defender; porque no se olvide, él mismo, en 2003, votó el apoyo de España a la intervención de Estados Unidos y Gran Bretaña.Dicen sus amigos, y los que le conocieron que Santiago Amón murió convencido de que en España, “ya no cabían más tontos”. Han transcurridos más de 20 años de su muerte, y aquella creencia del maestro continua tan lozana como entonces.
Juan Manuel RODRÍGUEZ MIRA
al_hanbor@yahoo.es